* Atletismo * Testosterona * IAAF * Sexismo * Equidad de género

Primero, un poco de fisiología. La testosterona es una hormona que se produce en los testículos de los hombres en altas concentraciones y en los  ovarios en las mujeres a una escala menor. Los efectos que conlleva tener niveles altos de testosterona generalmente se relacionan con una voz grave y vello corporal, así como un lívido saludable y un mantenimiento estable de niveles energéticos. Los altos niveles de testosterona generan más masa muscular, mayor fuerza y capacidad adicional para cargar oxígeno.

A mediados de año 2019, el organismo de mayor peso en el atletismo mundial, la International Association of Athletics Federations (algo así como la FIFA para el fútbol) después de diez años de deliberación, decidió suspender a la corredora Caster Semenya con la excusa de que sus niveles hormonales de testosterona se encuentran por arriba de la media en la rama femenil. Ella corre con la intención de ganar, haciéndolo con una admirable actitud deportiva, saludando gentilmente al resto de las competidoras después de una carrera y siguiendo las reglas al pie de la letra. Sin embargo, se le ha prohibido seguir participando en carreras profesionales. Esta atleta ha sido juzgada por nacer con ciertas cualidades físicas, peculiaridades que son intrínsecas en su anatomía, en lugar de celebrar su habilidades natas, la IAAF se ha encargado de lo contrario, removiéndola de las pistas, y quebrantando la ética deportiva. La corredora de raza negra y abiertamente lesbiana ha sido defendida por la Organización de las Naciones Unidas pues según nos dice el organismo internacional, la postura de la Federación de Atletismo viola los derechos humanos; “tener que medicarse para bajar sus niveles naturales de testosterona es innecesario, humillante y un doloroso proceso médico.”

Si nos fuéramos a otro deporte, pongamos, por ejemplo, basquetbol, ¿sería correcto prohibir la participación de una jugadora de baloncesto por ser más alta que el promedio pues su desarrollo fisiológico (y natural) está por encima de la media?, o ¿sería correcto que se le castigara a una nadadora por su capacidad natural de aguantar el oxígeno bajo el agua por encima de las demás, pues su anatomía así lo dicta? No estamos hablando de atletas transgénero que han decidido cambiar de sexo y, por ende, su anatomía, (que de igual modo merecen total aceptación en los deportes y en todas las disciplinas, pero este es tema para otro momento) estamos hablando de una mujer que nació siendo mujer y lo único que hace es entrenar como hacen la mayoría de los atletas, sin consumir drogas o medicamentos que puedan alterar o modificar su rendimiento. Únicamente trabajo duro y perseverancia. Esta idiosincrasia anatómica debería ser considerada como un regalo genético único y no como una limitación para competir.

Salgámonos por un momento del deporte y vayámonos al salón de clases. Imaginémonos que una niña tiene resultamos académicos por encima de las demás alumnas, por lo que ha recibido en repetidas ocasiones reconocimientos por parte de los profesores. La institución educativa decide hacer un examen cerebral a todas las alumnas vía un fMRI (funtional Magnetic Resonance Imaging) y se descubre que la sobresaliente alumna tiene más conexiones neuronales que el resto de las chicas, ¿es acaso esto una excusa para privarla de competir por sus capacidades naturales? ¿Sería justo limitar a esta alumna por su capacidad innata de procesar información? Todos los seres humanos somos diferentes, con cualidades y defectos que nos definen como persona, y nos guste o no, tenemos que aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos y al mismo tiempo respetar a los demás de manera íntegra. Semenya no es la única que ha sufrido críticas por sus niveles de testosterona, Serena Williams ha sido víctima de estas mismas críticas en repetidas ocasiones, incluso ha Michelle Obama se le criticó alguna vez por lo mismo. Todos debemos ser respetados por quienes somos y se debe de respetar el esfuerzo de cada uno. Ya sea en el área deportiva o en el salón de clases, todo merecemos ser tratados con equidad, sin importar nuestras capacidades o nuestros defectos, y Caster Semenya no es la excepción.

Varias corredoras de talla mundial, algunas incluso que han competido contra Semenya y han cruzado la línea de meta justo detrás de ella, tanto en Juegos Olímpicos como en campeonatos mundiales de la IAAF, han salido a defender a la corredora sudafricana. Así como también otros atletas de élite de diversos deportes y organismos encargados de defender los derechos humanos han expresado su apoyo a Caster.

Claro está, existen opiniones que difieren. Como la de la maratonista británica Paula Radcliff, quien apoya la postura de tener que medicarse para bajar los niveles naturales de testosterona. Dice que de lo contrario sería el fin para las mujeres en el deporte, pues todos los entrenadores y las marcas deportivas comenzarían a buscar mujeres con altos niveles de testosterona para entrenarlas y así obtener mejores resultados en las competiciones.

Si usamos esta misma lógica, esto mismo ya habría ocurrido en la rama varonil, pues dentro de los hombres que compiten en una carrera de 100 metros o en un maratón, las diferencias hormonales de testosterona entre unos y otros llegan a ser abismales, y sin embargo no es un factor que defina en su totalidad el desempeño de un atleta. Influye en el rendimiento, sí, es un factor decisivo, no.

¿Qué fue lo que dijo la IAAF respecto a todas las críticas recibidas por los medios de comunicación, la prensa internacional y el público en general? “Sí Caster Semenya desea seguir participando como corredora sin tener la obligación de tomar medicamentos para bajar sus niveles naturales de testosterona puede seguir compitiendo… en la rama varonil”. Una respuesta vergonzosa sin fundamentos claros ni respaldo alguno. Caster ya se encuentra oficialmente fuera de las pistas, y a pesar de ser discriminada, ahora también se ve enfrentada a una tóxica combinación de sexismo, racismo y homofobia. Semenya no ha roto ninguna de las reglas de la IAAF, sencillamente se le juzga por ser diferente al resto.

Y, ¿qué es lo que ha dicho Semenya al respecto? “Se que las regulaciones de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo siempre me han estado apuntando específicamente a mí. Por más de una década la IAAF ha tratado de desalentarme, pero la verdad es que me ha hecho más fuerte. La decisión tomada no va a detenerme, voy a levantarme una vez más y continuaré inspirando jóvenes mujeres y atletas en Sudáfrica y en todo el mundo.”

Paradójicamente hablando, ahora que está en el spotlight mundial, no será más bienvenida en la International Association of Athletics Federations, por ende, en los Juegos Olímpicos. Todo apunta a que al menos en un futuro cercano no gozaremos de verla competir. Lo más triste de toda esta historia, es que muchos de nosotros (yo mismo incluido) hemos llegado a escuchar de Caster Semenya por la controversia que a causado sus altos niveles de testosterona y no por sus destacados logros deportivos. Aquí van algunos:

  • 2008 – Ganadora del Campeonato Mundial Junior en Bydgoszcz, Polonia, 800 metros
  • 2009 – Ganadora del Campeonato Mundial en Berlín, 800 metros
  • 2011 – Ganadora del Campeonato Mundial en Daegu, Corea del Sur, 800 metros
  • 2012 – Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres, 800 metros
  • 2016 – Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, 800 metros
  • 2017 – Ganadora del Campeonato Mundial en Londres, 800 metros

Caster tiene que suprimir sus niveles hormonales para poder seguir compitiendo en la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, así como en los Juegos Olímpicos; muchas veces la burocracia está por encima de los derechos humanos y la ética deportiva. Por suerte, Caster no piensa llevar a cabo ningún tratamiento médico, y tampoco está sola en esta lucha. Poco después del #30 aniversario de la campaña Just do it liderada por Colin Kaepernick, Nike sacó un video promocional apoyando sin escrúpulos a Caster Semenya, y al igual que con Kap, la respuesta social fue igual de favorable. A sus 28 años, esta joven atleta de Sudáfrica tiene un largo camino por delante. Y el apoyo internacional sigue creciendo.

Andrés A. Cánovas 
24/Julio/2019

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