La práctica hace al maestro. Repetir una acción una y otra y otra vez fortalece lo que se conoce como muscle memory, práctica común en el ámbito deportivo y en las artes, y que toda persona que aspira a trascender ya sea como artista o deportista se ve forzado a desarrollar. Si quieres llegar a triunfar como atleta, la memoria muscular es indispensable, pues hasta donde la ciencia ha dicho, nadie nace siendo un deportista de élite. Todo aquel interesado en masterizar un deporte tiene que recurrir a la repetición.

Para los basquetbolistas la memoria muscular es sinónimo de practicar cientos de tiros libres todos los días, para los tenistas significa practicar el saque o el revés, para un golfista sería trabajar en su swing. Sin embargo, a pesar de que todos los grandes atletas empeñan la mayor parte de su entrenamiento ejercitando su memoria muscular, no siempre sus movimientos llegan a ser perfectos. Todos hemos visto alguna vez a Stephen Curry errar un tiro libre, o como Roger Federer y Serena Williams han llegado a fallar ambos saques, incluso se ha visto a golfistas profesionales abanicar la pequeña blanca bola de golf. No es tan grave, tan solo un pequeño error de cálculo. Para evitar que ese pequeño error se repita, hay que seguir ejercitando la memoria muscular y la concentración. Este último es clave. Una vez que se ha cometido un pequeño error, el deportista tiene la opción de retomar la concentración para así intentarlo de vuelta y seguir adelante, o bien asumir la derrota. Por lo general cerrar los ojos por unos segundos después del fallo y respirar profundamente son suficientes para retomar el juego. Un íntegro y profundo estado de concentración es lo que necesita todo atleta para evitar el error y dejar que la memoria muscular haga lo suyo.

Ahora bien, que pasaría si ese mínimo error no solo te costara el juego, sino también te costara la vida, como pasaba con los gladiadores en el Coliseo romano o en un duelo samurái, donde el más mínimo error significaba perder la vida. En el caso del escalador Alex Honnold y su especialidad free solo ocurre algo similar. Aquí el margen de error no existe, los errores no traen consigo una baja en la autoestima del jugador ni el abucheo de los fans, aquí los errores no son contemplados en el plan previo al desafío, pues en caso de cometerse, no hay una segunda oportunidad. En la modalidad de solo integral o free solo, el escalador únicamente usa zapatos para escalar y magnesia; sin arnés, ni cuerda, ni una red por debajo, ni ningún otro mecanismo de seguridad. Las reglas son muy sencillas, subir de la base a la cima una pared de piedra, si te caes… te matas.

En 2018, Alex Honnold logró lo impensable. Tras tres horas y cincuenta y seis minutos escaló en solo integral una de las paredes de piedra más icónicas en el mundo, El Capitán, considerado por muchos el epicentro del mundo de la escalada. Localizado en el parque natural Yosemite, Alex pasó de ser un desconocido joven interesado en trepar muros a ser por muchos el mejor escalador de todos los tiempos. Previo a su proeza, escaladores profesionales de talla mundial consideraban inconcebible que alguien pudiera escalar El Capitán en solo integral; el riesgo, la complejidad y el grado de concentración necesario para llegar a la cúspide en free solo se creía era imposible. Después de salir a la luz, algunos llegaron a decir que la hazaña de Honnold es como la llegada a la Luna del deporte. El New York Times dijo “es una de las más grandes proezas en el mundo del deporte de todos los tiempos”.

Desde el momento que comenzó a escalar en la base de la muralla hasta el último agarre antes de llegar a la cima, cada acción estaba previamente medida y cada movimiento memorizado; a las 5:32 de la madrugada se ponía la mano sobre la primera piedra y a las 9:28 am el último. Durante su preparación por más de un año en El Capitán, Alex tomó nota de cada uno de sus movimientos de inicio a fin y los estudió al punto de aprenderse cada uno de ellos, desde la inclinación del talón hasta la postura de los dedos; esto a lo largo de una trayectoria vertical de más de 900 metros. Honnold describe su hazaña como una coreografía, lenta y precisa, donde cada extremidad se movía de manera instintiva y sabía perfectamente donde tenía colocarse, cual roca debía sujetar y como debía sujetarla; donde colocar cada pie y cuanta presión ejercer para moverse. Cada movimiento fluía con naturalidad e independencia. Se dice que la perfección no existe, pero de existir, esto sería lo más parecido.

National Geographic se encargó de documentar en video todo el proyecto, que eventualmente se publicó a modo de largometraje y se llevó a casa una estatuilla Oscar y un premio BAFTA. Imaginémonos estar escalando una montaña con una cámara profesional sobre el hombro y toda la atención puesta en tu compañero de al lado que está escalando sin cuerda un muro de más de 900 metros de altura. Para ponerlo en perspectiva el Cristo Redentor en Rio de Janeiro mide 38 metros, la estatua de la Libertad en Nueva York mide 93 metros y la Torre Eiffel en Paris 300 metros. Si pusiéramos estos tres monumentos uno sobre el otro, no llegarían ni a la mitad de la distancia del muro de granito que junto con Alex Honnold pasaron a la historia. Por más de un año un grupo de escaladores profesionales, todos estos amigos de Alex, se dedicaron a planear la trayectoria y movimientos de cada uno de los involucrados, movimientos que tenían que estar medidos con meticulosidad, ya que el más mínimo error ponía en riesgo no solamente la seguridad del alpinista y calidad de la filmación, sino que también podía provocar la muerte del único escalador subiendo sin cuerda.

Desde su niñez comenzó su trayectoria con muros de escalar indoors y pequeñas competiciones. Como muchos otros niños californianos de clase media tuvo la niñez bastante común. Conforme fue creciendo su afición por escalar siguió en aumento, convirtiéndose en su único interés y siendo la escalada outdoors en muro natural su verdadera pasión. El mismo se describe como tímido y poco social, alguien que disfruta de la naturaleza y promueve el cuidado del medio ambiente. Tanto es su interés por escalar y amor por la naturaleza que antes de su histórica hazaña, pasó más de diez años viviendo en una mini van en diversos parques naturales de la costa oeste de Estados Unidos.

En 2012 Alex se puso como propósito transmitir un nuevo mensaje, uno menos riesgoso, uno que los padres pueden transmitir a sus hijos con tranquilidad y confianza, y que los hijos pueden seguir sin correr ningún riesgo; mejorar la calidad de vida de los más vulnerables y promover el cuidado del medio ambiente. Vía Honnold Foundation, Alex colabora con GRID Alternatives en la instalación de sistemas eléctricos solares en los Estados Unidos para comunidades vulnerables. Del mismo modo colabora en África con la organización Solar Energy Foundation, quienes también promueven el uso de energía proveniente de sistemas eléctricos impulsados por el sol y con SolarAid International Charity quienes trabajan para erradicar el keroseno como medio de iluminación y proveen a comunidades rurales en África con luz impulsada por sol.

Aprender a mantener la calma y pensar de forma analítica, dos herramientas que el climber vegetariano y abstemio del estado de California ha trabajado por más de veinte años y que fueron clave para poder pasar a la historia el 3 de junio del 2017. “En la escalada de solo integral, obviamente, sé que estoy en peligro, pero sentir miedo estando ahí arriba no me va a ayudar de ninguna forma”, Alex Honnold.

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