Brexit – en el 2016 se los ciudadanos británicos votaron para decidir si querían permanecer en la Unión Europea o salir de ella. Con un margen muy cerrado, los descendientes del Imperio Británico tomaron la decisión de abandonar a sus aliados europeos y abrirse camino por cuenta propia (transición que después de dos años no ha terminado y parece que seguirá postergándose). Para algunos, separarse de la Unión Europea es lo que necesita el Reino Unido para retomar la estabilidad económica y al mismo tiempo poner un freno a la inmigración, para otros, es un vergonzoso retroceso histórico que puede terminar con nefastos resultados económicos y sociales, siendo los británicos los más afectados. Después de disputas y negociaciones entre ambas partes, aún no se ha podido llegar a ningún acuerdo. Por un lado, tenemos a la Unión Europea muy tranquila pues no tienen nada que perder, por el otro tenemos al Reino Unido que se hunde en una crisis política pues no sabe cómo distanciarse de sus aliados europeos sin incrementar la crisis que vive el país. Después de décadas trabajando bajo un mismo sistema, interconectado hasta la raíz, es difícil separarse sin efectos colaterales.

Del mismo modo que pasó con Trump en los Estados Unidos, los efectos colaterales del Brexit se han visto reflejados en un nacionalismo excesivo y un proteccionismo sin sentido. Los insultos y ataques verbales hacia los extranjeros en el metro son nada comparado con los (domésticos) ataques terroristas  por parte de algunos anglosajones radicales hacia los creyentes del islam; como de costumbre, las víctimas son las minorías más vulnerables, que muchas veces tienden a ser extranjeros o inmigrantes. Mohamed Salah no es la solución para curar la islamofobia, pero está jugando un papel muy importante para frenarla.

Su impacto y trascendencia se debe a varios factores; su religión, el factor más importante.“If he scores another few, then I´ll be Muslim too” (si él anota otros tantos, yo también seré musulmán) es uno de los cantos que suenan dentro del estadio del Liverpool durante los partidos de futbol. Las tribunas en el Anfield repletas de camisetas rojas y unas cuantas pelucas de cabello rizado repiten con alegría y entusiasmo este himno que incita a la unión y promueve la diversidad. Admirable acción por parte de los fans del Liverpool.

La manera de celebrar los goles (en su primera temporada con el Liverpool anotó 43 en 49 partidos; casi un gol por partido) se ha vuelto tan popular que incluso los niños, independientemente de su origen o religión la imitan. Después de poner la pelota en el arco, Mo Salah esbozando una sonrisa y con los brazos abiertos como gesto de sincero agradecimiento, se acerca a la tribuna donde los hinchas vitorean enardecidos el gol, después, Mohamed regresa al centro del campo donde se arrodilla para besar el suelo como símbolo de agradecimiento a Allah, momento seguido de más aplausos y celebración en todo el estadio. Salah no tiene miedo a ponerse de rodillas después de meter un gol para rezar a su dios frente a una multitud no musulmana, en un país donde la islamofobia incrementó 47% en el 2016 y los ataques a los musulmanes se han vuelto algo tan comunes que los medios de comunicación hablan de ello con excesiva naturalidad. Esta es la razón por la que se ha ganado el respeto de la gran mayoría. Su sencillez, humildad y carisma dentro y fuera de la cancha, sumado a su habilidad para anotar goles ante cualquier oponente lo han llevado a ser un ídolo futbolístico a nivel internacional y a ser visto como un atleta respetable en la ciudad que vio nacer a los Beatles (curiosamente, fue en Liverpool donde se construyó la primera mezquita del país). Mohamed Salah ha logrado que los aficionados – de mayoría cristiana – muestren un profundo cariño, un sincero respecto y una empatía deslumbrante por un miembro de la comunidad musulmana. Un brindis por el fútbol.

El más prestigioso deportista egipcio también se ha hecho notar fuera de la cancha. Ha donado máquinas de diálisis al hospital local en su ciudad natal, Nagrig, ubicado entre la capital del país y las costas de Alexandría. Además, ha comprado tierras para construir plantas de tratamiento de aguas residuales y también se ha encargado de invertir gran parte de su salario en renovar y construir centros deportivos, escuelas y mezquitas. Del mismo modo se le ve en campañas antidrogas y otras tantas labores sociales dentro de su comunidad. Las historias sobre sus modestas y constantes acciones aparecen con frecuencia en los encabezados de los periódicos locales. Sus labores altruistas han logrado que no solamente se le relacione con el deporte, sino también con alguien que ve más allá, alguien que usa la plataforma deportiva para transmitir un verdadero mensaje. Su sencillo y modesto estilo de vida riman a la perfección con su actitud en el campo y estilo de juego. Proveniente de un país inmerso en la pobreza con una estabilidad política cuestionable, Salah prefiere mantener un perfil bajo, sin rodearse de autos lujosos ni ostentosas propiedades; una postura poco habitual dentro del mundo futbolístico.

Al igual que Greta Thunberg, Spike Lee, Naomi Osaka, Yalitza Aparicio, Michelle Obama, LeBron James, y otras 93 personas, Mohamed Salah fue seleccionado como una de las 100 personas más influyentes en el 2019 por la revista Time. Al ser entrevistado, Mohamed a manera de charla invitó a sus paisanos y todos aquellos que comparten su misma cultura, a intentar relacionarse con más respecto hacia las mujeres, haciendo énfasis en tratarlas con igualdad. Además, el presentador de HBO John Oliver, escribió para la revista Time una pequeña reseña sobre Salah donde nos dice: “Mo Salah es mejor ser humano que jugador de futbol. Y es uno de los mejores jugadores de futbol en el mundo. Mo es un ícono para los egipcios, scousers (habitantes de Liverpool) y musulmanes en todo el mundo, él siempre se mantiene humilde, amable y gracioso. I absolutely love him.” #Time100

Al igual que en casi todo el mundo, el futbol europeo goza de inmensa popularidad en Egipto, y desde que Salah llegó al Liverpool, los egipcios han adoptado la Premier League con si fuera su propia liga. Salah logró llevar a su equipo, el Liverpool, a la final de la Champions League después de una década de ausencia; también ha sido nombrado jugador del año tanto por sus compañeros de equipo como por la Football Writer´s Association. Además, después de 28 años sin participar, la selección egipcia, mejor conocida como los faraones, lograron calificar para la FIFA World Cup. Sin quitarle méritos a ningún jugador ni al cuerpo técnico, Mohamed Salah fue pieza clave para que su selección se presentase en Rusia en el 2018.

Con tan solo 26 años, Mohamed Salah, junto con el premio Nobel de Literatura, Naguib Mahfouz, se suma a la lista de figuras públicas egipcias más conocidas a nivel mundial (además del actor Rami Malek, quien nació en los Estados Unidos de familia egípcia). Su rostro se ve en todos los espacios, desde posters colgados en los troncos de los árboles hasta murales en focos culturales en El Cairo. Los partidos del Liverpool se pueden ver en todos los bares y cafés del país, y su merchandise se vende como pan caliente. Es un héroe nacional. La camiseta de Mo Salah se ve a diario entre los habitantes cercanos al delta del río Nilo, no importa si es la de la selección nacional o la del Liverpool, lo importante es que lleve su nombre.

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